title Brujería, Casas Poseídas y Entidades Siniestras | Episodio 384 | Hablemos De Lo Que No Existe

description Hay lugares que parecen ser un portal directamente al infierno, una puerta para los demonios la entrada hacer es oscuros a nuestra realidad hoy en hablemos de lo que no existe.
Tendremos una OSCURA FOGATA DE HISTORIAS en la que no te debes de descuidar o tal vez uno de estos seres termine tocando tu puerta.
Yo soy César, El Narrador y con estas historias oscuras que nos ha mandado a la FAMILIA NOCTURNA. Espero que vayas a tener dulces pesadillas en @HABLEMOSDELOQUENOEXISTE

pubDate Thu, 23 Apr 2026 15:15:00 GMT

author Ice Murdock

duration 3327000

transcript

Speaker 1:
[00:00] Bienvenida familia nocturna a esta Oscura Fogata De Historias. Hoy hablaremos acerca de la codicia y cómo eso te lleva a lugares a los que ningún ser humano debería de pisar. Hoy hablaremos de lugares muy oscuros y hablando de oscuridad, yo te recomiendo que te acomodes, te pongas bien a gusto en donde estés, pero no apague la luz, porque estamos a punto de iniciar una Oscura Fogata De Historias. Pero antes de iniciar, permíteme proponerte algo que es justo y algo que yo creo que es bastante equivalente. Hoy te traigo un montón de historias oscuras y yo sé que algunas de esas te van a dejar la piel chinita. Así es que, si una de las historias te deja la piel chinita, yo te propongo esto, esa sensación a cambio de tu suscripción. Dicho una vez esto, prepárate, pero no apague la luz, porque estamos a punto de iniciar una Oscura Fogata De Historias. Comencemos. La vida de Jonathan se fue al carajo y todo fue culpa del trabajo porque lo obligaron a visitar una casa embrujada. Esta es su historia. Jonathan tiene 30 años. Es una persona que se ha dedicado durante los últimos cinco años en cuerpo y alma a tener un muy buen trabajo. Pero las cosas no se han dado. Él estudió medicina, pero los trabajos que consiguió como residente nunca digamos que le llenaron el ojo. Después de cuatro años de haberse dedicado eso se fastidió. Comenzó a buscar otras oportunidades, cosas en las que no sabía nada, quería como un nuevo inicio. Y así fue como llegó a Vienes Raíces. Tiene dos años y medio en Vienes Raíces. ¿Y sabes algo? No le va tan mal. Te vuelvo a decir, no es lo que le espera, pero ya se está acercando un poco. En este trabajo en el que está, trabaja en una empresa muy pequeñita en la que apenas está su jefe, él y una chica y entre los tres sacan adelante las cosas. Tienen una buena cantidad de ventas y él ha decidido quedarse esa empresa por una situación. Su jefe, el señor Marcos, es un tipo que, digamos, no tiene muchos escrúpulos en la vida. Es un gran vendedor de este tipo de vendedores que le vende iglús a los esquimales, que va y le saca filo a cuchillos que cortan todo perfectamente y cobra un dineral por todo. Es un vendedor que no se fija nunca en el cliente, pero siempre termina cerrando los negocios. Cuando Jonathan vio esa cualidad en su jefe, no tanto la falta de escrúpulos, pero sí el alto nivel de venta, dijo, con él tengo que aprender. Y ha ido tomando nota en estos años. La compañía en la que está principalmente vende casas. Casas que son medianamente grandes a hasta casas muy, muy grandes. Parte de la filosofía de su jefe, no queremos comisiones chiquitas, queremos comisiones altas. Por eso, un día Jonathan escuchó una llamada que lo dejó totalmente fuera de base. Jonathan recibe una llamada como todos los días, en la cual ahora le está hablando a una mujer. Y la mujer le dice que está afuera de una casa que tiene escrito en una de las paredes un número telefónico en el cual menciona ahí, venta. La mujer está pidiendo por favor informes acerca de esta casa porque le llama la atención y quiere ir a visitarla. Cuando Jonathan le pide la descripción, la calle, el número, cosas para ubicar el domicilio, se mete al catálogo, revisa rápido en la computadora y se da cuenta que no está en esa casa. Se le hace muy extraño. Va con su jefe rápidamente, va y le avisa y le dice Señor Marcus, me está hablando una mujer, quiere información acerca de esta casa que está en este número, en este domicilio, esta descripción. Y solo nota algo muy extraño en su jefe. No le dice nada, pero palidece un poquito y comienza a sudar. Señor Marcus es un tipo muy grande y muy alto. Probablemente en el pasado le dedicaba gran cantidad de tiempo al deporte, pero ahora está un poco más descuidado. Por lo cual, en el momento en el que empieza a sudar, hasta se ve un poquito agitado, pero intenta ocultar. Y le dice, dile a la chica que la casa está en un intestado, que no la podemos vender, hay un juicio de por medio, y que no pierda su tiempo, que esa no es su casa, que con mucho gusto la podemos asesorar para ir buscando alguna casa dentro de su presupuesto y dentro de la zona. Jonathan toma el teléfono, va a hablar con la mujer cuando nota que la mujer está hablando. Él le dice a su jefe, señor Marcos, estoy escuchando que la señora está hablando con alguien, parece que le van a abrir la puerta, parece que la van a dejar entrar para ver el domicilio, y el señor Marcos se para muy rápido, le agarra el teléfono, se lo rebata y empieza a hablar fuerte. Bueno, señora, ¿cómo está? Buenas tardes, señora, soy licenciado Marcos. Disculpe, me está escuchando, señora, señora, y ya de repente le habla la mujer. Ah, sí, discúlpeme, ya no lo necesito, que hay una señora que me va a abrir. Espérese, por favor, escúcheme, es bien importante lo que le voy a decir. Me puede, por favor, ¿describir a la mujer que le va a abrir la puerta? ¿Por qué? Es por una cuestión de su seguridad, señora. Nosotros estamos en este trabajo desde hace muchos años y en esa casa hemos tenido muchos problemas por personas que se hacen pasar por los dueños. Me puede, por favor, describir un poco a esta persona para confirmarles si es el dueño, ¿no? Y ya le dice, no, bueno, ya me dejó un poco nervioso, señor, pero es una señora mayor, llevo un suéter gris, una falda azul y debajo del suéter trae como una blusita amarilla. La señora está chaparrita, un poquito encorbada. El cabello lo tiene grisito con un apartado por el medio y le dice el señor Marcos al instante, por favor, subas a su camioneta en este instante. No, no se acerque esa señora. Esa señora no es la dueña. Ya nos han hablado varias veces y eso se hacen pasar por los dueños. Y una vez que entre a la casa, la van a saltar. Se lo estoy diciendo, señora, se lo estoy diciendo. Si quiere no pasar un muy, muy mal momento, por favor, subas a su camioneta y vayas de ahí. Yo tengo muchas casas para ofrecerle. Aléjese de esa casa. Está con un problemón y aparte ya son varios que asaltan a esa mujer. Y entonces la mujer, muy acelerada, se escucha donde empieza a mover las cosas. Se escucha donde se enciende un motor. Por el fondo, antes de que sonara el motor, se escuchó la voz de una mujer que no se entendía lo que decía. El señor Marcos está sudando, pero la gota gorda. Y en eso suena la voz de la mujer. Ay, ¡qué susto! ¡Qué susto! Gracias. Gracias, señor Marcos. Gracias. Los voy a visitar para que me muestren alguna de las casas. Y luego le pido la dirección. ¡Qué susto! ¡Qué susto! Le tengo que hablar ahorita a mi marido. Y él le dice, pierda cuidado. Le cuelga el teléfono y empieza a respirar rápido. Y Jonathan se le queda viendo. Aquí hay algo bien importante. Cuando tú conoces a una persona y has tenido relación por mucho tiempo, notas detalles en el comportamiento que tal vez, si llega alguien que no lo conoce, no lo notaría. Parecería un comportamiento normal. Pero Jonathan acaba de ver algo que le prendió todas las luces rojas. Y es que no le quiso vender algo. El señor Marcos vende lo que sea a quien sea. No le importa las circunstancias. Él se imaginaba que iba a hacer que le pasara a la señora para intentar hacer algún tipo de venta o algo. Cuando vio que quería bloquear la venta, que asustó a la mujer, esto no es propio del señor Marcos. ¿Qué demonios está pasando ahí? Y Jonathan se espera cerca de 45 minutos haciéndose tonto. Y me dice, narrador, me puse a caminar de un lado para otro, agarraba unos papeles y los ponía en el escritorio de mi amiga. Después los volví a montonar diferente y me los traía al mío. Abrí un cajón, hacía como que buscaba algo. Me iba a platicar un rato con esta chica que es mi compañera de trabajo, que ya prácticamente somos amigos por tanto tiempo que pasamos juntos. Y ella me dijo, oye, nada más estás haciendo loco. Y yo le digo, me puso muy nervioso, Marcos, dame chance y ahorita voy a hablar con él. Y ella se ríe y me dice, bueno, me cuentas el chisme. Jonathan está a la expectativa de lo que realmente pasó y por qué se comportó de esa manera, por qué estaba tan nervioso. En el año y medio o el tiempo que lleva ya trabajando con el señor Marcos, ni una sola vez habían hablado de esa casa. No está en el catálogo. Y don Marcos es un tipo bien ambicioso. Una sola casa que esté 20 minutos fuera del catálogo los está ahorcando. Los hace trabajar a veces en la madrugada porque le llamó a algún cliente, le dio un ofrecimiento, le gustó y se los manda. Y en ese momento quiere respuesta. Y aquí cerró todas las puertas por una casa que no está en el catálogo. Ya ha vendido casas sin testadas. Ya se ha metido en un bronco en el medio. El señor Marcos no tiene escrúpulos. ¿Qué carajos acaba de pasar aquí? 45 minutos pasan. Jonathan no tiene la menor idea cómo va a abordar el tema. Y le da le vale un carajo. Tiene que llegar con el señor Marcos y va a platicar con él. Así, como nazca en ese momento, se va rápidamente el cubículo del señor Marcos, lo ve al señor Marcos que está pensativo y le dice, jefe, ¿quiere que le traiga un café? Y don Marcos voltea la silla hacia él, se le queda viendo y le dice, no, mejor nada más tráeme agua y vente un rato. ¿No estás muy ocupado? Jonathan tiene tal vez el día más ocupado de su vida, pero ha mandado todos los pendientes al diablo. ¿Quieres saber qué pasa? Así es que le responde de manera muy cínica, para nada, jefe, ahorita estoy totalmente libre. Va, trae dos vasos con agua, los dos están pensados que sean para su jefe, cierra la puerta, le entrega los vasos y escucha la historia más aterradora y alucinante que alguna vez he escuchado en su vida. Don Marcos se toma su vasito con agua, se comienza a relajar y le dice, yo sé que quieres que te cuente qué pasó. Y Jonathan le dice, no jefe, como usted guste. Y Don Marcos deshonríe y le dice, muchacho, a mí no me vas a ser tonto nunca, estás con una vibura, yo entiendo lo que es eso, pero te necesito contar porque necesito que escuches algo, porque si vuelven a hablar de ahí, no quiero que dejes a las personas solas en esa casa, entiéndeme. Esa casa es mía y esa casa está castigada por mí hasta que yo decida de levantarle el castigo. Y Jonathan se le queda viendo con una cara de, yo no sabía que mi jefe estaba ya mal del cacahuate, ¿verdad? Ya no le estaba funcionando, ahí la única neurona se le tronó en algún momento y aquí estamos todos muy tranquilos cuando un loco nos está diciendo. Pero todo eso se lo expresó con una ligera sonrisa. Don Marcos lo entendió al instante y le dice, antes de que sigas pensando que estoy loco, dame un momento para reponerme y te voy a contar. Toma su vaso con agua, se lo termina, ve el otro y le dice, ¿te lo vas a tomar? Jonathan le mueve la cabeza del lado a lado diciendo que no. Le dice, mira, tengo más de 25 años en la venta de casas. Esa casa es mía, no me pertenece, pero es mía. Y por esa casa tengo este negocio. Y por esa casa sé que hay cosas más oscuras que la brujería y en este mundo se hay entradas al infierno. Yo empecé en un negocio muy, muy grande. Una de las firmas más grandes que ha habido en toda la República. Una firma que al día de hoy ya no existe y mi creencia es que es por esa casa. Yo tenía trabajando ahí ya cerca de ocho años. Era muy bueno con las ventas. Y había colocado inmuebles que tenía en años parados en el catálogo y en dos, tres, cuatro semanas apenas lo agarraba, lo sabía colocar. Se me daba. Es algo muy sencillo. Entender la necesidad de alguien, maquillar un poco las cosas, se lo dejas ahí y listo. Así es que un día me meto al catálogo para ver los bienes más antiguos, más marginales que a mis compañeros se les haya ido del radar. Porque tenía tres compañeros que eran muy competentes, muy buenos. Los demás no me llegaban. Pero había tres que siempre nos andábamos peleando. Lulú, una tipa regordeta que le encantaba el color rojo. Siempre iba vestida con algo rojo. O aretes, o el maquillaje, o una blusa que como la odiaba porque era toda negra con unos puntitos rojos, y la odiaba porque se veía bien ridícula. Que junto con esa blusa se llevaba un collar de perlas rojas grandes. Ahora he visto personas que lo utilizan. Ahora no se ve mal. En ese entonces era muy extraño. Muy extraño. Y a Lulu le encantaba llevarse ese vestido cada que tenía oportunidad. Y sabíamos, porque era muy evidente, que ese día tenía alguna venta. Ese día iba a cerrar algún trato. Era como su vestido de gala. Por otro lado, teníamos a Patti. Patti era una mujer bien estirada. Tenía una forma de ser en la que apenas te decía lo necesario. Siempre parecía como que algo estuviera oliendo feo alrededor de ella. Flaquita, flaquita, flaquita, alta, alta, alta, y con el cabello recogido, recogido, recogido, al punto que cuando la veía esta me dolía mi cabeza. Yo decía, Dios mío, ¿cómo se aguanta esos chongos tan apretados? Pero ella era así. Apretada, apretada, apretada, apretada, apretada. No te decía palabra por nada. La saludaba si nada más te veía como si apestaras horrible. Así trataba a todos. Pero eso sí. La ponías con un cliente y se transformaba en otra persona. Era una persona que te decía la palabra correcta de la manera correcta y vendía, pero vendía como se va a intentar a balas la mujer. Casa tras casa tras casa tras casa tras casa. Pero no le pidieras como tantito corazón porque no lo tenía para nadie. Y el otro, el que me daba más risa de todos, un tipo de nombre Jorge. No voy a decir que es mi amigo porque nunca lo fuimos. Fuimos compañeros de trabajo. Y Jorge era un tipo relajadisísimo. A nosotros nos pedían que fuéramos con saco y corbata. Ah, ¡hombre! Jorge se iba con camisas todas desteñidas, todas rotas, y lo dejaban trabajar ahí porque vendía muy bien. Era tan relajado, pero tan relajado y contestaba todo sin importarle si vendía o no, que se ganaba la confianza de los clientes al instante. Veían que el tipo no se los quería llevar, no les quería vender nada. Él les mostraba un lugar. Era muy bueno seleccionando las casas y tenía mucha suerte. Para mí él siempre fue una situación de suerte. Bueno, eso y que hacía algo que no hacía nadie más, es que se metía en las casas y empezaba a revisar que la casa tuviera algún tipo de desperfecto fuerte. Iba y hablaba con los dueños y hacía que rebajaran los costos para que la persona que lo compraba supiera que estaba ese desperfecto y cuánto le tenía que invertir. Todos lo ocultábamos un poquito, hacíamos como si no nos diéramos cuenta. Y Jorge evidenciaba esas cosas y le funcionaba. Alguna vez lo intenté, no dije jamás lo vuelvo a aplicar. La persona con la que estaba haciendo el trato me dijo no, esa casa va a ser un problema. Yo quería comprar un lugar para quedarme a vivir ahí. Y hasta perdí el cliente, no solo la casa, el cliente no volvió a hacer trato conmigo. Me dijo que le había quitado la ilusión, que lo había entristecido mucho y ya no quiso hacer tratos. Volté con el Jorge y le dije mira tus metoditos. Nunca nos llevamos mal, nunca nos llevamos tan bien. Pero ellos tres eran mis competidores en esa agencia. Cuando yo me voy a los archivos para encontrar alguna casa de muy buen costo que todavía está en venta. Porque te estoy hablando que cuando yo entré había casas que tenían hasta 10 años vendiéndose. Y mis compañeros en muchas ocasiones agarraban las que recién llegaban, buscaban clientes nuevos. Y yo dije vamos a utilizar esta estrategia diferente. Porque si hay casas muy grandes de tiempo atrás que ya costaban una fortuna, ahora pueden costar un mundo de dinero y la comisión va a ser tremenda. Probablemente voy a tener que darle una manita de gato para hacerla pasar como si sí estuviera la casa desde siempre. Pero yo estaba dispuesto. Y ahí es donde me topé esa casa, la casa de las tres ventanas. Porque la señora no te lo dijo. Pero apenas mencionó la calle, en mi cabeza se vino esa imagen. Es una casa que las tres ventanas más grandes que tiene apuntan al este. No tiene ningún sentido, ¿sabes por qué? Porque la casa apunta al norte. Apúntase allá. Pero las ventanas las construyeron arriba de la teja apuntando al este. No sé por qué hicieron eso, pero desde que tú llegas parece que es una casa torcida. Y esa casa parece que sí. Está torcida por dentro. Saqué esa casa del catálogo, la imagen me dejó maravillado, el costo se veía muy bueno. Y por las dimensiones de la casa, para que te des una idea, eran cerca de 600 metros de construcción. Un lugar enorme. Yo voy con mi jefe de ese tiempo, se lo pongo en la mesa y le digo, ¿Esta casa qué? Y se me queda viendo y me dice, esa casa no te conviene. Y yo le digo, jefe, ¿Todavía la tenemos en el catálogo? Y me dice, lamentablemente sí. Pues la quiero, me la paso, que yo me encargo. Y me dice, no, hazme un favor, ve con tus compañeros, ya sabía que se refería a esos tres. Y yo le digo, no jefe, no puedo ir con ellos. Y me dice, sí, ve y muéstrales la casa. Y me hago el indignado y le dije, no, permíteme. Yo ya me he ganado aquí mi lugar. Si vengo y te digo que quiero una casa, yo no tengo que ir a pedirle permiso a nadie, solo a ti. No me quieras mandar con ellos para volverme su achichincle o algo porque tengas algún favorito. Yo no trabajo así, ni contigo ni con nadie. Y mi jefe se queda viendo y se ríe y me dice, ¿Cuánto quieres apostar? Yo le digo, pero no sé de qué se trata la apuesta. Saca la cartera y rápidamente con un fajo de billetes me dice, son 7 mil pesos lo que traigo. Te voy a apostar 7 mil pesos. ¿Tienes para pagar 7? Y yo le digo, yo no le entro a apuestas que vaya a perder, que estamos apostando. Que tú le vas a llevar esa casa a tus tres compañeros. Y es más, hagamos ahorita rápido cómo está la plusvalía. Si ahí costaba un millón de pesos, ya pasaron tantos años, ahorita cuesta 7 millones de pesos la casa. Quiero que se las lleves y se las muestres. Y si ninguno te muestra interés en la casa, es más, te la repudian, yo gano tus 7 mil pesos. Pero si uno solo agarra la casa y dice, yo la quiero, yo te doy mis 7 mil pesos y te voy a poner prioridad en las siguientes tres casas que llegan que están arriba de 7 millones de pesos. Pues me gustó, jefe. No traigo dinero, me lo acepta. El jefe le dijo que sí. Y Don Marcos, que en ese tiempo era Marquitos, se va caminando y el primer escritorio que ve que tiene alguien es el de Pati. Y ahí está Pati sentada, así es que rápidamente y sin darle oportunidad a Pati que se vaya a poner sus escudos y tratarlo de una manera extraña o dejarle responder. Llega, se le pega el escritorio, saca la hoja con la imagen de la casa, se la pone hacia enfrente y le dice, mira, Pati, te interesa. Y donde Pati ve la imagen, reacciona al instante, pero su reacción a todos los deja sorprendidos. Pati es una mujer que no reacciona, te hace caras, no responde, si no eres cliente ni le interesas. Es una mujer que está, vuelvo a decirte, totalmente estirada y rígida. Y ella lo que hizo donde vio eso, pega el grito en el cielo, pone las manos en el escritorio y se avienta para atrás y se va rodando en la silla que es de rueditas y toda la gente está entre asustada y muerta de la risa por la acción que acaba de hacer ella. Y Pati ya no sabe ni dónde esconder la cabeza. Cuando viene se le acerca y se le pega en el oído a Marcos y le dice, eres un imbécil. Te dijeron, ¿verdad? Te dijeron, no vuelvas a hacer eso. No me vuelvas a poner esa foto. Y se le agarra la foto y se la dobla, pero las manos le están temblando. Llévate a esa mugre de aquí. Yo no te había hecho nada a ti. Ahora sí, ya me agarraste de enemiga. Y Marcos dice, a ver, espérame. El jefe me dijo que viniera y te ofrecerá la casa. Y Patti, donde escucha eso, se pone pero furiosa. Y se voltea y pisando fuerte, entra caminando a la oficina del jefe y le pega en el banco y le dice, yo nunca le he hecho una falta de respeto como la que me acaba de hacer. ¿Por qué me acaba de hacer eso? Si sabes lo que pasó. El jefe suelta una carcajada y le dice, Marcos, ven para acá. Y Patti, muy ofendida, que está a punto de irse de ahí, le dice al jefe, espérate, espérate, no, no, no. Estás entendiendo mal las cosas. Deja que venga Marcos y te vamos a explicar. Marcos se mete en la habitación. Patti está pálida en una combinación de miedo y coraje. Y el jefe le dice a Marcos, por favor, cierra la puerta. Patti dice, no, no es necesario, yo ya me voy de aquí. Y el jefe le dice, escúchame, escúchame, ¿estás entendiendo malas cosas? Tranquila. Y te pide una disculpa. Necesito que te quedes. Y Patti intenta contenerse un poco. Está ahí en ese lugar. Está viendo a Marcos con una mirada de Dios Santo. Si esas fueran bofetadas, yo hubiera reventado los cachitas al pobre hombre. Pero Marcos va, cierra la puerta, la ve con cierto cinismo y cierto gusto, porque la mujer que siempre le hace caras feas, ahora está sufriendo. Y él, adentro de esa habitación, le pregunta al jefe, bueno, ¿qué pasó? Y el jefe, vuelta con Patti y le dice, Patti, todo aquí es un malentendido. Te voy a explicar rápido. Marcos quiere vender la casa. Acaba de sacarla del archivo. ¿Cree que es la primera persona en toda la oficina que tiene esa idea? Por favor, por favor. Y con eso te estoy diciendo que dime qué día quieres. Te lo voy a regalar. Te voy a dar un día libre completo, pagado. Si quieres alargar un fin de semana o lo que sea, estoy de acuerdo. Y ya sabes que con eso yo no soy tranquilo, pero te voy a dejar. Pero por favor, ¿puedes contarle tu experiencia con la casa? Y Patti se empieza a poner pálida y nada más dice, no, no, no quiero. Y el jefe le dice, por favor, te lo estoy pidiendo. Ya pasó mucho tiempo, Patti, ya pasó mucho tiempo. Aparte, tú lo sabes, no es bueno estarle sacando la vuelta a tus problemas, no es lo que te dijo tu psiquiatra. Y la voltea a ver con una herida en el orgullo durísimo, Patti, al jefe, y le dice, eso se lo dije en confianza, yo sé. Y en confianza te estoy pidiendo que, por favor, le cuentes a Marcos tu experiencia. Y ahí, en ese instante, Marcos se da cuenta que está extasiado, está en medio de una película, de una obra de teatro que él hubiera amado ver en pantalla y más protagonizada por Patti siendo humillada, porque no tienen buena relación, como te puedes dar cuenta. Ellos, por la competitividad y el carácter de ambos, se han de alguna manera estando picando y estando irrebento. Pero finalmente Patti se sienta pálida y le dice, bien, sí lo voy a contar, jefe, y sí le voy a pedir esos días. De hecho, termino y me voy de aquí. Y el jefe le dice, sí, está bien, sí, está bien. Y tómate también mañana. Y ella mueve la cabeza de arriba para abajo. Voltea a Marcos y le dice, no te tengo ninguna presión. Y yo creo que lo hiciste a propósito lo de hace rato. Y te lo digo nada más por humanidad. No te acerques a esa casa, no te acerques a ese lugar. Cuando yo llegué aquí, a los dos años, me enteré de esa casa, que la habían intentado vender a algunos, que los asustaban. Y yo no creía en esas estupideces. Así es que, fui y hablé con el jefe, y le dije que por favor me la cediera. Era una novata, no me cedían lugares importantes, y el costo en ese momento ya era de un lugar importante. Lo extraño también era el costo. La casa debía de costar fácil el doble, pero estaba en un millón de pesos por poner un número. Le pregunté al jefe que por qué, y me dice que porque los dueños no les importaba, que simplemente la habían dejado en el catálogo, y que inclusive él estaba seguro que no les interesaba vender. Parece que era un grupo de personas de algún tipo de asociación que tenían muchas propiedades. Y recientemente, te estoy hablando recientemente, 3 años atrás, habían desocupado la propiedad y en lugar de ponerla en renta, la querían única y exclusivamente con venta, únicamente con nosotros, no con nadie más. Y teníamos la exclusividad de la casa. Así es que yo no me dejé de llevar por todas esas ideas ridículas que tenían la gente que decían que ahí pasaban cosas que habían asustado a muchos, que gente que quería venderle pasaba un accidente. Yo no creí en esas estupideces. Así es que nada más le pedí al jefe que por favor me pusiera en contacto con los dueños de la casa porque necesitaba que en compañía de uno de ellos me diera un tour. Y el jefe me dijo que sí y me puso rápidamente contacto con los dueños y muy amablemente me pusieron una cita, fui y cuando llegué a la casa estaba un joven, un tipo muy bien vestido, muy guapo, muy atractivo que conocía la casa perfectamente y él con una voz, con una forma de comportarse que era algo que te dejabas hipnotizado, me empezó a hablar acerca de la casa y me empezó a contar que mira, esta es la cochera y hay un espacio de tanto tamaño y vamos a entrar y te voy a dar un recorrido y cuando íbamos al segundo piso me di cuenta que yo no estaba prestando atención. El tipo me había sido muy atractivo, me había gustado tanto que sólo le estaba prestando atención a él, pero sin poner nada de atención en la casa. Y mientras me estaba diciendo algo que no recuerdo que era, veo por detrás de él, o sea, él me está viendo de frente, yo veo detrás de él, hay un pasillo, hay cuatro puertas y en la puerta del fondo a la izquierda noto que hay muebles y también noto que no está como el resto de la casa. La casa está sucia, tiene telarañas, hay algo de polvo, pero ahí en esa habitación se ve muy limpia. Entonces me muevo a la derecha, él lo nota, pero no se mueve, me asomo y veo un cuarto todo pintado de rosa, como de princesa, como si fuera de alguna película. Y hay una cama muy bonita, tiene un edredón rosa y nada más cierran la puerta. Y me quedo muy extrañada viéndolo. Él sonría y dice, bueno vamos al patio. No lo quise interrumpir, me daba vergüenza. Cuando vamos al patio, hay una fuente ahí, una fuente horrible, horrorosa, que a muchos de los que aquí trabajaron les llegaron a pasar cosas ahí. A mí, gracias a Dios, no tanto. Pero estaba yo enfrente de la fuente y el sujeto con el que iba mientras me hablaba hizo algún movimiento que me llevó a voltear la cabeza y noto que en la habitación esa rosa daba al patio una de las ventanas. Y cuando volteo para arriba porque algo me llama la atención, hay una niña que me está saludando. Entonces la volteo a ver y lo volteo a ver a él y siento una necesidad de ir y subir y ver ese cuarto porque cómo puede ser que mantengan una de las habitaciones de la niña y que la dejen entrar aquí con una gran posibilidad de que hay arañas y otro tipo de insectos que le pueden hacer daño. Algo se movió dentro de mí, hablo en voz alta y le digo, no me habían dicho que esta casa todavía tenía gente habitándola, no puede ser que esté aquí todavía la hija del dueño. Y cuando hago eso, él pone una cara bastante extraña, yo doy media vuelta y me arranco dentro de la casa lo que no es tanto mi forma de ser, pero algo, algo me capturó en ese momento y voy caminando rápido. Y él me empieza a decir que me detuviera, que me detuviera, que ya no subiera al segundo piso, que no subiera sin él. Y cuando voy subiendo al segundo piso, voy caminándose el cuarto, el cuarto está cerrado, llego, toco la puerta y le digo, niña, ya te vi, por favor ábreme. Quiero platicar contigo porque quiero saber qué pasa en esta casa. Yo no me refería a nada fantasmagórico, me refería a por qué hay una niña viviendo ahí. Y donde toco el pomo de la puerta, siento que algo me pica en la mano, veo mi mano y traigo tres pinchazos de no sé dónde, con un poquito de sangre, me volteo a ver la mano muy, muy impactada, lo volteo a ver a él y veo que me hace una cara muy extraña y me dice, mejor vámonos. Y le digo, ¿qué pasó? Mejor vámonos. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué traigo esto en la mano? Y donde se la muestro, cierra los ojos y dice, por tu bien, vámonos ya. La puerta frente a mí se abre y yo lo único que logro ver es un cuarto lleno de telarañas desde el techo hasta el piso y la niña que yo vi desde la ventana pero está muerta en una esquina tirada como doblada sobre su cuerpecito. La imagen me impacta tanto que se me atoró un grito en la garganta y la puerta se cierra enfrente de mí. Era el cuarto rosa, era el cuarto que tenía la cama, ahora lleno de telarañas, viejo, antiguo y deshecho. Mi cabeza no pudo con eso. Me di media vuelta, empecé a caminar, el sujeto iba caminando detrás de mí. En algún momento, creo que quise irme a otra parte porque él estaba forcejeando conmigo, llevándome a la entrada y me decía, lo lamento, señora, lo lamento, pero usted tiene que salir de aquí ya, tiene que salir de aquí ya. Y me sacó. Hasta que salí de la cochera, regresé a ser yo misma y le pregunté qué había pasado. Y él, con el traje todo desacomodado, despeinado y sudando, me dijo, por favor, váyase de aquí. No tengo que darle explicaciones. Y tardé meses en recordar los detalles de lo que había pasado dentro de esa casa. Por todo bien y por humanidad, no vayas. Marcos estaba muy impactado. Nunca nadie le había contado una historia así. Y él no podía evitar sonreír. Hay un secreto que tenía Marcos. Y por eso este tipo de cosas no le daban tanto miedo. Y dentro de él había una parte cita que le decía que Pati no estaba mintiendo, que lo que le estaba contando era verdad. Después de contar la historia, Pati se puso de pie. Fue directamente a la puerta sin decir palabra alguna. Abrió y se fue. No regresó en dos días. Pero Marquitos no se iba a quedar quieto. Al contrario, esa historia le dio un poco de adrenalina. Y todo ese día estuvo buscando a Lulú. Pero Lulú no aparecía por ningún lado. Y no le tocaba ir a trabajar a Jorge. Pero al día siguiente estaban los dos. Lulú feliz. No llevaba su vestidor negro con los puntitos rojos y su cuellar extraño, porque el día anterior había sido una venta. No se había equivocado para nada, Marcos. Ya sabía ese ritmo. Hoy iba con una blusa blanca que traía así un cuello bastante extraño como con holanes y un pantalón azul. Se veía extraña como siempre a la lulú. Y también estaba Jorge, que parecía que llevaba una camisa que había utilizado para limpiar algún carro, porque estaba toda enterrada. Sin embargo, nadie le hacía ningún tipo de problema, porque era buen vendedor, como te había dicho. Cuando él los ve, se les acerca primero a lulú y después a Jorge y les pide por favor que no se vaya, que les tiene que plantear de una casa y que necesite escuchar algo que le pidió el jefe. Los dos se intrigan un poco, Marcos termina de hacer unos movimientos que ocupaba hacer en la computadora y se va directamente con lulú. Cuando se acercó con lulú, vio que ella estaba como muy motivada, muy alegre, la venta del día anterior había sido como un gran choque de adrenalina. Estaba muy contenta y estaba pensando todo lo que iba a suceder o cómo iba a utilizar esa comisión. Cuando él le dice directo, sin más miramientos, llegando al grano de golpe, le dice lulú, te voy a mostrar en este papel una propiedad. Pero esa propiedad es mía. No te la estoy cediendo. Lo único es que quiero y lulú lo voltea a ver, pero con una cara como extraña, como llena de miedo, incómoda, ansiosa. Y le dice, es la casa de las tres ventanas de ese. Ayer me dijo Patti, mira, Marcos, vamos afuera, no me gusta hablar de eso aquí. Te voy a contar, pero por favor, y esto júramelo, no me vas a volver a preguntar por esa casa, no me gusta hablar de las cosas que pasaron ahí. Marcos le dice, está bien. Es más, como te sientes incómoda, te invito a un café. Como Lolo es rara, pero no es mala gente, con ella nunca he tenido un choque tan fuerte. Competencia, pero pues ir y traerle un cafecito es un buen gesto. No voy a ir a comprar nada, ahí tienen una cafetera dentro del negocio. Marcos también tiene un problema con estar gastando dinero o demás. Demás es cualquier gasto que él originalmente no quería hacer. Así es que Marcos va, sirve dos tazas de café, ahora sí, una para cada quien, se acerca con Lulu, y Lulu le indica nada más con la cabeza para dónde se tiene que dirigir. Se pone en pie ella y él va detrás de ella. Llegan unas escaleras de emergencia. Lulu se siente en las escaleras y se pone a tomar ella en las escaleras como yendo a un piso superior y él se pone enfrente. El rostro de cada uno queda a la altura, se están viendo a los ojos, y Lulu le dice, no vayas a esa casa, Marcos, no vayas a esa casa, yo sé que eres bueno vendiendo, pero esa casa cobra factura. Te voy a decir lo que me pasó porque después de eso me tuve que tomar un mes sin vender. Yo ya había escuchado que pasaban cosas en esa casa. Patty fue de las más fuertes, pero ya eran más de una decena de vendedores que iban. Ya habíamos buscado vendedores de otras compañías que se animaran ahí y diciéndoles que les íbamos a dar una comisión sota porque es muy flexible, no sé si viste los términos y condiciones, pero están dispuestos los dueños hasta darte el 10% de la venta de la casa. Es una locura. Y fueron. Y ninguno regresó bien. A todos les pasó algo. Yo no me dejo llevar por supersticiones. Yo creo en mi virgencita. Así es que me fui con mi estampita de la virgen, la traí en una bolsa, y me llevé de golpe en mente ocupada. No hace espacio el demonio. Yo me llevé un montón de cosas para limpiar. Un par de baldes, un par de trapeadores, un par de escobas para dejar unas en el primer piso y otras en el segundo piso. También me llevé unos palos largos, porque Pati ya me había dicho que estaban muchas telarañas, insecticidas, un montón de cosas. Me iba a pasar ahí el día completo, pero la casa la iba a dejar de primera. O bueno, en las mejores condiciones posibles. Llego al lugar y me topo una casa cualquiera. Si veo las tres ventanas, pues llaman la atención, pero la verdad es que cada quien sus gustos. Entendamos que viene de lulu esto. Lulú abre la puerta y le dice a Marcos. Cuando me asomé adentro, hay algo en esa casa que se respira y que está mal. Algo estaba extraño, pero no le quise acercarse a mi mente. Tomé uno de los baldes con agua, antes de entrar y darle la vuelta, y después de eso, lo puse muy cerquita de la puerta, agarré un trapeador, lo metí en el balde, fui por la escoba y me puse a barrer todo el frente. Mientras barría, en la mano traía un rosario y estaba rezando mi rosario. Me tardé muchísimo más de lo normal, porque de repente sentía que se me escapaban las fuerzas, nunca me había pasado eso y no me he vuelto a pasar otra vez. Cuando ya me doy cuenta que ya no me puedo hacer más mensa, porque ya trapeé el frente, lo volví a barrer después de que secara y lo había vuelto a trapear, ya era momento de entrar en la casa. Así es que me persiné, le pedí a mi señora que por favor me acompañara y me cubriera con su manto, me meto en la casa y cuando me meto en la casa algo había en ese lugar que desde que llegué, yo no le caí bien y él a mí me daba mucho, mucho miedo, había algo ahí raro. Me acordaba de la historia de Pati, así es que dije, el último cuarto a la izquierda no le voy a hacer caso, no me interesa. Agarré la escoba, me pongo a barrer desde el fondo del primer piso hacia la entrada, cuando estoy ahí escucho pasos en el segundo piso y empiezo a persinarme y a decir, diosito, por favor, apóyame, ayúdame, por favor, no me dejes sola, no dejes que estos espíritus chocarreros, estos demonios, estos fantasmas me asusten, estoy haciendo un trabajo, es por el bien de una comunidad, es para ayudar a personas. Y escuchaba como crujían las puertas de la nada y empecé a pensar que me tenía que ir de ahí, que me tenía que ir de ahí, pero al mismo tiempo no. Yo quiero la comisión y quiero trabajar bien y aparte esta casa es una casa muy grande para que esté ahí desperdiciada. Así es que cuando termino de barrer y comienzo a trapear, llega un momento en el que he trapeado todo el primer piso, pero extrañamente el agua no se seca. El piso se sigue viendo muy mojado. Subo al segundo piso, pero antes de llegar al último escalón dije, a mí no me van a asustar. Y me puse a rezar mientras barría todas las escaleras. Me fui de arriba para abajo, después la estrapé y estaba rese y rese y rese. Cuatro veces barrí las escaleras porque sentía miedo. Ese lugar se sentía extraño. Cuando ya llegó arriba al segundo piso, no lo aguantaba. Algo ahí había malo. Y estaba en el cuarto que nos dijo Patty. Ahí había algo en ese lugar. Así es que lo que dije es, no voy a estar en ninguno de esos cuartos, solo voy a limpiar el pasillo y ya es más que suficiente. Barro el pasillo, trapeo y cuando trapeo, veo en el piso que se comienza a ser un charco grandote de agua, como si de entre los mosaicos estuviera saliendo agua y empezara a llenar el lugar. Me quedo viendo eso porque se siente muy extraño. Aparte de lo que estoy viendo hay una sensación ahí que es como inminente, como si algo malo estuviera a punto de ocurrir. Y de repente es cuando noto que ahí, en ese charco se refleja el techo y muevo mi cabeza de tal manera en la que veo que hay algo que está justo arriba de mí, pegado en el techo y me está viendo. Hice como si no lo viera y empecé a caminar lo más rápido que podía, bajando las escaleras sin quererme caer. Y escucho como se empieza a arrastrar por el techo hacia donde yo estoy. No puedo irme más rápido, pero esa cosa no va nada lento. Y está avanzando, avanzando, avanzando. Cuando llego a la mitad de las escaleras, se abría como en un triángulo y podías ver la parte del piso de abajo desde ahí. Ese triángulo que era como una falta de una pared, yo estoy viendo, porque me deja impactado que en el piso hay huellas que van desde la escalera hasta la entrada principal, pero son huellas de pies descalzos. Y cuando veo eso, el corazón se me empieza a agitar de una manera en la que no te puedo ni siquiera explicar cómo no me explotó, porque era un miedo que nunca he sentido, y siento donde hay algo que se está moviendo a lado mío. De reojo veo y hay una sombra que va bajando por la pared, justo al lado de mi rostro. Volteó hacia la entrada y a como pude y no me importaba si me caía. Me fui corriendo, me resbalé dos veces, caí sobre mis rodillas, dejé todas las cosas dentro de la casa, salí de ahí y dije, nadie en este mundo tiene el poder para volverme a traer este maldito lugar. Dejé las puertas abiertas, no me importó, no me importó. Cuando fueron a revisar la casa dos horas después, la casa estaba cerrada con llave. Lulú después me firmó que los vecinos no tenían llaves de ese lugar, que de hecho el único juego de llaves son los que teníamos nosotros en la compañía y que no los habían confiado. No sabíamos que era el único juego de llaves. Marcos, escucha esta historia. Lulú se le queda viendo y le dice, no me importa si me crees o no, no quiero volver a hablar de este tema, y por favor, en serio, escúchame cuando te lo digo, no te acerques a esa casa. Algo pasaba dentro de Marcos, su orgullo o algo, porque dentro de él sonrió, y era como si tuviera un haz bajo la manga, pero quería escuchar la historia de Jorge. Falta una historia más. Quieres saber qué fue lo que le pasó a este tipo, ¿que es el más relajado de todos? ¿Qué le pudo haber pasado? Uy, que se escuchara algún sonido. Uy, que hubiera algún aroma. Que bajara la temperatura. Que también vio el exorcista, carajo. Todas las cosas que le están diciendo son de una película de terror. Pero sabes algo, y Marcos se lo va a confesar a Jonathan cuando le cuente esto que te estoy diciendo a ti. Yo sabía dentro de mí que no estaban mintiendo. Cuando Lulú se fue de las escaleras de emergencia sin haber probado una sola gota del café, Marcos se quedó pensando muchas cosas. Una parte de él, la parte más suspicaz y más superficial de su persona, le decía que ellos lo estaban mintiendo, que se querían quedar con la casa. Pero la parte más profunda de él, tal vez su inconsciente o tal vez algo distinto, le decía que ellos no estaban mintiendo, que lo que le estaban contando era verdad. No quiso esperarse más tiempo. Salió de las escaleras, va otra vez a la oficina, se topa directamente con Jorge, el tercero de las personas que el jefe le había dicho que platicara con él antes de tomar la casa. Le dice a Jorge que sí pueden platicar. Y Jorge le sonríe y le dice, Quieres saber de la casa de las tres ventanas, ¿verdad? Marcos nada más le mueve la cabeza de arriba abajo, con una sonrisa de oreja a oreja. Y Jorge le dice, ¡Ah! Esa historia está muy buena. Siéntate, te la voy a contar porque ya también me tengo que ir ahorita. Marcos se sienta. Jorge sube los pies arriba de la mesa. Y le dice, mira, si está rarita la casa, si está rarita. Yo no te diría que vayas, yo no la quise vender. Y Marcos saque el papel y dice, ¿Todavía está disponible? Y Jorge le dice, Quédatela, si puedes. Dice, mira, yo había escuchado lo que le había pasado a Patty, no me lo podía creer. Y después, que Lulu lo agarró, que Lulu ya la conoces. Ella y su virgencita y el rosario no se lo quitas. Ese y su vestido de bolitas rojas. Pero ella se fue para allá y regresó tan asustada y tan paniquiada, que me dijo que la casa la había dejado abierta. Y ahí voy yo dos horas después. Y reviso y la casa está toda cerrada. Y fui y le pregunté a algunos vecinos que si alguien la había cerrado y nadie me quería hablar al respecto, hasta que le dije abiertamente a un vecino, también los asustan en la casa. Y volteó y me hizo una cara, pero como si le hubiera dado una indigestión tremenda y me cerró la puerta en la cara y dije, aquí pasa algo muy extraño. Me esperé como dos meses para que Lulu no lo tomara personal. Y también porque yo traía otras casitas encima y no le quería dar prioridad a un veje historio que ya tiene mucho tiempo he parado y que por algo es. Pedí después de dos meses las llaves. Nadie se peleaba esa casa. Las historias de Lulu y de Patty eran suficiente para que ya nadie se quisiera acercar. Porque antes habían pasado muchas cosas, pero como lo de Patty a nadie y lo de Lulu menos. Ya todos sabíamos la historia. Pues fui para allá y me llevé una pelotita que yo utilizo para revisar si los mosaicos o si algunos de los acabados que se han dado a la casa están huecos o están mal puestos o se van a terminar cayendo. Y me pongo a botar mi pelota. Y te das cuenta ya con la experiencia qué sonido debe de hacer si algo está bien hecho o qué sonido hace algo que está muy mal hecho. Y llego a la casa, abro la puerta y cuando entro, no te voy a mentir. La casa no se sentía bonita, se sentía fea y dije ya sé por qué les dio miedo estas dos. Pero a mí la verdad es que esas cosas no me importan. Esto es negocio y pues yo a lo que voy, voy. Y también sabes que la gente que la compra no se merece que le esté vendiendo un mal lugar. Vamos a hacer primero que pasen mis pruebas. Y después ya vemos si la vamos a liberar o no la vamos a liberar. Y empecé a botar mi pelotita. Pase el piso principal, la entrada. Llegué justo al lado del patio del que estaba esa fuente y la fuente la vi como si estuviera conectada y aventando agua. Pero parece como si el agua se hubiera conectado con algo porque estaba aventando más chapopote que agua. Se me hizo muy extraño pero no quise salir a ver. Nada más me dice un apunte mental, la fuente está descompuesta y está contaminada el agua de ahí. Revisarlo. Llego a una habitación en la que muy probablemente en el pasado fue algún tipo de cocina porque hay una encimera pero ya no hay refrigerador ni mesas y el lugar se ve muy antiguo. Así es que pudiera ser cualquier cosa. Y cuando estoy botando ahí la pelota, llega un mosaico en el que suena muy hueco pero muy hueco como si estuviera puesto sobre un pozo. Y dije, no, esto está muy mal. Eso no debería de sonar así. Así es que me agaché. Levanto el mosaico porque veo que en las esquinas está roto y sí se siente muy suelto después de probarlo con el pie. Se ve donde se mueve. Meto ahí los dedos, lo levanto y donde estoy terminando de levantar, salió rápido una mano y me intentó agarrar la mía. Yo me alejé de ahí y me salí corriendo de la casa. No son espantos. Ya entendí. Ahí probablemente traficaban personas. Allá abajo hay un pozo, ya no hay personas. Hay gente. Me escucharon, se escondieron. Y ahora que lo levanté, me querían meter y no me iba a dejar. Así es que salí rápidamente de ahí y fui a hablar con la policía. Me traigo una patrulla para que me acompañe y le dije, probablemente tienen a alguien secuestrado. Si quieres llamar al cuartel, pero mínimo para que vengas aquí a ver el lugar. El policía me acompañó muy amablemente, me dijo que se le hacía muy extraño lo que le estaba diciendo, que me iba a acompañar, pero que ya de todas maneras iba a pasar un reporte. Y cuando llegamos, la casa está cerrada, mi llave no funciona y sale una señora mayor de la entrada principal. Una mujer que lleva una blusa amarilla, un suéter gris, un apartado por el medio con su cabello gris, chaparrita, jorobadita, nos saluda y nos dice buenas tardes. Y le digo, señora, vengo aquí lo de la casa y me dice, no está en venta. Y se mete y nos cierra la puerta. Y el policía se me queda viendo y me dice, me está amistiendo usted. O sea, quería que me metiera en una casa que no le pertenece. Tardé dos horas en ponerme de acuerdo con el oficial que entendiera que yo trabajaba para esta empresa. Y dije, no, me voy a ahorrar molestias. Y eso fue lo que me pasó. Y yo creo que ias en tráfico o algo. Marcos, escucha esa historia. Y ahora que escuchó dice, bueno, sí puede ser. Que simplemente la casa se esté utilizando con otros fines. Y ya, pero eso no explicaría nada de lo que le pasó a Lulú y a Patty. Y también, por qué tendría que estar vendiendo chapopote, un líquido aspeso y negro, la fuente. ¿Por qué se sintió raro desde que entraste? No, esto está raro. Para ese momento, le dijo Marcos a Jonathan. Ya no me interesaba venderla, ¿o no? Tampoco le iba a decir a mi jefe que nadie le quiso agarrar que le voy a pagar esos $7000 pesos. Está loco el señor. Él ya sabía, la tenía ganada. Ah, voy a ir a la casa y la voy a limpiar. Y me la voy a quedar y la voy a vender. Así de siempre. Porque hay algo que ellos no saben y jamás se lo dije a nadie y no tenía por qué decírselos. Y es que yo vengo de familia de brujos. Mis padres, mis abuelos, todos practicaban la brujería. Yo no, a mí me gustan los negocios. Pero conozco de eso. Cuando te crees en una casa, en la que en las noches hay ruidos que provienen de la nada, escuchas gritos de habitaciones vacías y hay cosas que hablan tu nombre directamente al oído cuando intentas dormir, te acostumbras a muchas cosas medias oscuras. Así es que salí de la oficina después de hablar con Jorge y me fui directo a casa de mamá y de papá. Les comenté de una casa que tenía estas situaciones y ya, nada más me dieron un par de artículos, me dijeron cómo limpiarla y de qué manera había que espantar lo que fuera que estuviera ahí, que muy probablemente era un espíritu que tenía mucho tiempo. ¿Qué era todo? La gente no sabe cómo manejar esas cosas, pero inclusive me iban a dar cosas más potentes. Si allí había algo más oscuro, si allí había alguna larva maligna, o si había algo que se alimentaba de las personas, nada de eso me iba a afectar. Llego a la casa, pongo una mesita en la cochera, sobre la mesa pongo algunos artilugios, hago las primeras oraciones que me dijeron que hiciera, entro en la casa con un encendedor, de estos que pueden levantar la parte de arriba y con la yesca lo enciendes y te da una flama estable, y cuando lo enciendo, se hace un torbellino de fuego enfrente de mi rostro y casi me quema el bigote. Así es que lo apagué al momento, me salgo de la casa, comienzo a hacer mas oraciones, lo enciendo afuera y afuera prende normal, vuelvo a entrar y donde lo enciendo vuelve a salir hacia una flama, y se me hace muy extraño. Decido que voy a empezar con otro tipo de limpie que no necesite fuego, que se va a hacer el siguiente paso. Comencemos con agua, y empiezo a rocear agua, y empieza a crujir la casa, como si fuera un lugar que está tan caliente, que cuando le avientas algo que le cambie la temperatura rápido, haces que se desestabilice toda la estructura, porque crujía por todas partes. El agua lo estoy aventando en la primera estancia, y después empiezo a sentir cómodo desde el piso, empieza a brotar frío. No era como si el calor se fuera, no, era que el frío empezaba a brotar de ahí. Era muy extraño, me sentí en medio de un cementerio, no me había pasado eso nunca. Salgo afuera, me llevo un par de muletos que me había hecho mi madre, voy subiendo las escaleras, y dije muy probablemente todo viene desde el cuarto donde le pasó a Patty, o desde la otra habitación a donde a Jorge le jalaron la mano. Probablemente es de uno de esos dos. Así es que subo al segundo piso, llevo mi sensario, llevo también para arrojar agua, y trago ahí mi encendedor, un saumerio y todo esto. En el segundo piso hay una bardita, dejo ahí las cosas, tomo el agua y empiezo a rociar todo, y ya dejan de pasar las cosas y dije muy bien, vamos ganando, no me va a resistir un espíritu tanto. Voy por mi saumerio, tomo mi encendedor, lo enciendo, y el humo empieza a tomar camino por la parte del segundo piso, era como si me estuviera mostrando a dónde ir, y yo lo empecé a seguir, entendí que era el proceso natural de la limpia, y cuando llego y me paro enfrente de una ventana, la ventana se quiebra frente a mis ojos, uno de los fragmentos de la ventana me muestra porque se mueve un poco, a una niña que está parada justo detrás de mí, los labios totalmente amoratados, la blusa rota y la cara ensangrentada, la imagen fue muy impactante, si es que di un paso para atrás, y donde di el paso para atrás, quedé justo en medio del pasillo, al voltear a la izquierda, veo las cuatro puertas que vio Patty, y una a una se empiezan a cerrar frente a mis ojos, cuando las puertas se empiezan a cerrar, yo no sabía qué hacer en ese momento, porque las cosas que me dio mi madre y el proceso que me dijo, nada estaba ocurriendo, como ella me lo mencionó, así es que decido que me tengo que ir de ahí, tengo que hacer otra cosa. Doy media vuelta, comienzo a bajar las escaleras, cuando escucho que las puertas empiezan a abrirse, y hay personas saliendo de ahí, porque se escuchan gente como si estuvieran marchando hacia mí. Salgo a toda velocidad de la casa, no me voy a exponer más, y decido que en grupo es la forma de atacar a ese lugar. Así es que fui y busqué el trabajo de tres carpinteros. ¿Vale la pena por la comisión que me van a dar? Me los llevé a la casa y les dije, miren, son coyones o son valientes. Y todos me dijeron, no, pues valientes. Y les dije, porque en esta casa asustan. No quiero que me salgan corriendo. Y se empezaron a reír. Les dije, esa actitud es la que quiero. Vamos a quitar todas las puertas. Todas y cada una de las puertas. Y las vamos a dejar aquí, en esta cochera, aquí afuera. Nada más lo que van a hacer, no me pregunten, no me digan nada. Desde la del baño, hasta la del closet, la de las recámaras y la de la entrada. Todas quedan afuera y las dejamos aquí. Y ellos se me quedan viendo y dicen, ¿las va a reparar algo? Que no me estén molestando, se los estoy diciendo. Le quitamos todas las puertas. Las vamos a dejar aquí y es todo. Comenzamos con la de la entrada, que no nos encerrará la casa. Le íbamos a quitar sus herramientas para asustar. Quitamos la puerta de la entrada. Seguimos con todo el primer piso. Y cuando llegamos al segundo piso, uno de los carpinteros empezó a gritar como loco y bajó corriendo las escaleras. Y entonces levanto la voz porque todos se veían espantados y les dito, ¡Ahí va el primer collón! Ahora todos van a ganar un poquito más porque no les voy a pagar nada. ¿Quién sigue? Y todos se me quedaron viendo y se volvieron a enfocar en el trabajo. De repente iban bajando con alguna puerta y subiendo, pero se veían muy incómodos. Unos decían que les estaban hablando el oído, otros decían que sintieron que les tocaron el hombro. Puras cosas que a mí no me importaban, porque estando ahí tantos, la energía no se acumuló igual. ¡Así de simple! Me voy caminando hacia el pasillo, me paro enfrente de la puerta donde le pasaron esas cosas a Patty, y me pongo en una posición para mostrarle ahí quién manda. Y cuando baja el último de los carpinteros, lo digo y en voz alta, ¡Conmigo no puedes! Y donde dije eso, la puerta se abrió frente a mí, y adentro de esa habitación no había nada. No estaba vacía, era un vacío, todo era oscuro, en pleno día, no se veía ahí nada, absolutamente nada. Sin embargo, sabía que había cosas moviéndose adentro, aunque no las pudiera ver, y me estaban esperando. Sentí un vértigo como nunca en mi vida he sentido, como si alguien estuviera a punto de empujarme, y si yo entraba a ese lugar, nunca iba a salir. Así es que me enví media vuelta, bajé las escaleras rápido, me vieron los carpinteros riéndose y dijeron, miren, vamos a agarrar un poco más, ahí va otro. Volteo muy molesto y les digo, o me traen todas las puertas o no le pago ninguno. Se suben y me trajeron las puertas de esa recámara. Pero yo sé que esa casa me odia, porque desde ese día el lugar está abierto, sin puertas, y la tengo castigada. Hasta que le levante el castigo, la volveremos a armar. Bueno, narrador, cuando mi jefe, el señor Marcos, me terminó de contar su historia, él se veía donde estaba contando todo eso para sentirse como fuerte, como con energía, pero en sus ojos se veía miedo. Lo dejé tranquilo, me puse de pie, me salí de ahí, y donde me salgo de ahí, me quedo pensando en algo. La descripción del señor del que fue un compañero de mi jefe, era la misma descripción de la viejita que la señora dijo ahora en la llamada que recibimos el día de hoy, y me espanté. Al poco tiempo salió mi jefe, traía la hoja de la casa y me dijo, ¿Qué onda? ¿Te interesa? Yo le dije nada más que me iba a dar la vuelta, que no pasaba nada. Llegué a la casa dos o tres días después porque me tuve que embalentonar. Iba con mi compañera de la oficina. Llegamos al lugar, abrimos la reja, servían las llaves que teníamos. No había una sola puerta que se viera desde afuera porque inclusive la entrada estaba abierta. Todo adentro estaba lleno de polvo y estaba lleno de hojas, pero no me atreví a dar un paso por una situación. En la planta baja, narrador, había huellas de lodo, de pies descalzos, que iban desde la entrada hacia las escaleras y después subían por la pared y seguían hacia el techo. Algo que evitaba ese lugar, no le interesaba para nada la gravedad y no los acababa de dejar claro. Y con esta historia, mi querida Familia Nocturna, hemos llegado al final de esta Oscura Fogata De Historias. Así es que antes de terminar, permíteme preguntarte, querida Familia Nocturna, si llegaste hasta el final, ¿hubo alguna historia que te dejara la piel chinita? Porque si es así, te cambio esa sensación a cambio de tu suscripción. Y si nos estás viendo en la plataforma que antes era de audio y ahora también tiene video, ya sabes el circulito verde con las rayitas negras. Síguenos y danos las cinco estrellas, porque este año vamos por el 2026. Y les tenemos muchas sorpresas menos que ya se enteraron de algunas. Ahora sí, dicho una vez esto, mi querida Familia Nocturna, espero que para este momento ya hayan salido los primeros lugares a los que vamos a ir con la gira del 2026. Y nos vemos allá con estas fogatas en vivo en tu ciudad. Recuerda que las historias que vamos a contar ahí no son historias que ya hemos contado en el canal. Así es que ahora sí, te deseo que tengas un bonito fin de semana y que tengas dulces pesadillas. Bye bye.