title Episodio 1 T18 - Traición y magia negra

description En este episodio de Relatos, Santiago Segovia nos lleva hasta Matehuala, San Luis Potosí, para revelarnos una de las verdades más aterradoras del mundo oculto: la brujería comprada con tu propio dinero es la más fuerte.
Conoceremos la historia de una mujer escéptica y bondadosa que, sin saberlo, financió su propio "trabajo" de muerte al prestarle dinero a una vecina consumida por la envidia. Lo que comenzó como un malestar físico inexplicable terminó en una carrera contra el tiempo donde solo una anciana curandera pudo ver la verdad: a la protagonista le quedaban solo 25 días de vida.
Hosted on Acast. See acast.com/privacy for more information.

pubDate Wed, 22 Apr 2026 20:00:00 GMT

author Campus Originals

duration 1380000

transcript

Speaker 1:
[00:06] Mi nombre es Santiago Segovia, investigador paranormal. Bienvenidos a un nuevo episodio de Relatos. Siempre que hablamos de la brujería, hay muchas personas que son escépticas, que dicen, no, yo no creo en eso. Eso es bueno, porque no te sugestiones, no te haces un daño. Porque a lo mejor, pues no puede ser una brujería, verdad. A lo mejor es una brujería que no funciona. Este... Que no está bien realizada. Y eso es bueno, pero hay mucha gente que se sugestiona y se empieza a sentir mal. La mente es muy poderosa. Pero créame que la verdadera brujería sí existe. Si existe, este... Fíjense que esto sucede en Matehuala, San Luis Potosí. Era una mujer totalmente escéptica de la brujería. O una mujer buena. Ella no creía en trabajos de brujería. No creía en la maldad. No creía en los alcances que podía tener. Un trabajo de magia negra. Pero créame que muchas veces, la mano que alimentas es la misma que busca cavar tu tumba. Se dice que la brujería comprada con tu propio dinero es la más fuerte. Usted va a decir, cómo?, ¿sí? Puede llegar esa persona que te va a hacer ese mal y tú la consideras tu amigo. Y resulta que esa persona llega y dice, sabes qué?, préstame 500 pesos. Lo hizo, ¿sí? ¿Cómo no? Ahí te van. Y esa persona con ese billete que tú le diste, va y compra el material para la brujería. Claro que ese dinero te lo paga el día siguiente, pero ya es dinero de esa persona. Le digo, esto sucede en Matehuala, San Luis Potosí. En una de esas colonias donde existen muchos secretos, pesados y oscuros. Usted conoce realmente cómo son sus vecinos. Antiguamente yo pienso que a la mejor sí. Los vecinos se preocupaban, se cuidaban entre ellos. Hoy es que está enferma la vecina. Déjame le hago un caldito de pollo, déjame le llevo esto. Déjame le llevo una fruta. Hoy es que el vecino anda batallando en esto. Vecino, o sea, y que pues se anda buscando chamba, yo lo puedo acomodar, ayudo de trabajo. Había. Es unión entre vecinos. Yo siempre he dicho que llevarse bien con los vecinos es muy bien, porque la primera ayuda que vas a recibir, porque a la mejor, no, yo tengo diez hermanos, sí, pero tu hermano vive a diez kilómetros de tu vives, de que aquí llegue. Va a llegar más fácil la ayuda de un vecino. Y en la actualidad, no sabemos ni cómo se llaman los vecinos. Cuando muchos si te ven salir o los ves salir es así, buenas. Es todo, pero qué sucede detrás de esas puertas. No sabemos qué secretos oscuros guarden, secretos pesados. Fíjense que esto le sucede a una mujer que no creía en la brujería. Ella se reía de la existencia de la brujería hasta que un día el mal llamó a su puerta. Ella 53 años. Ella estaba muy tranquila, vivía muy tranquila, se desahogada mente porque su esposo y sus hijos. Trabajan en Estados Unidos. Y pues con el fruto de ese esfuerzo compraron una casa. Allí en Matehuala. Y como siempre, no llegas como nuevo vecino, pues trata de entamblar. Ha llevo alguna relación con los vecinos. O yo soy flanuey tal o que se les ofrezca y así ya sano. Y bueno. Ella conoció en esa ahí donde ella vivía. Conoció a una joven madre. Su vecina. Esta joven joven madre tenía cuatro hijos pequeños. Muy joven, por cierto, ella, la vecina. Pero el esposo también muy joven, 23 años. Pero. Todo un alcohólico. Pues imagínese. Cuatro de familia. La la situación, pues lógico, ya ya se de imaginar. Este precaria, a veces no tenía ni para comer, porque el hombre se gastaba todo en la parranda. Pero esta señora. Conmovida por su humor, su bondad y todo. Empezó a llevarles comida todos los días, pues sobre todo más que nada por los niños, no sabía es qué culpa tenía. Les empieza a llevar comida así todos los días. Y. Y fíjese que el ser buena persona. Fue como su sentencia. Como su sentencia de muerte. Y dices, oye, y sí, yo sé que muchos que me están escuchando. Han pasado por esto, no que ayudas al vecino, a la vecina, oye, siempre estoy ahí. Y a la mera hora este. Te mandan por un tubo, no dices, oye, pues ya ni lo que hice. Siempre hice por ellos y bueno. Hay personas que no saben agradecer. Y fíjese que. El conflicto empezó. Porque pues este muchacho, el esposo de la vecina alcohólico. Pues una noche empezó con su con su fiesta, ¿no? Sacó la bocina clásico. Sacó la bocina, la cochera, cuantas. Pleitos no han pasado por esas bocinas actualmente, ¿no? Enemistades que se hablaban súper bien y desgraciadamente por la por una bocina ya se perdió la buena vecindad, ¿a poco no? ¿Y esto pasa todos los días? Bueno. Entonces, pues ya imagínese cuatro de la mañana el volumen de la música, pues ya era insoportable. Cuando esta señora va y le dice a la vecina amablemente que le era su marido, que se que se metiera a la casa. Y el hombre. ¿Saben qué hizo este hombre? Le dijo a su esposa. Que esta señora lo acosaba. Porque esta señora, al no estar su marido aquí, al estar sola. Pues quería tener una relación con él. Que estaba enojada porque él no le hacía caso. Es una calumnia absurda, ¿no? Considerando que pues él tenía apenas 23 años, la misma edad que el hijo de la señora. Y aparte, imagínese lo que lo que inventó este cuate. Para dañar a la señora que le daba a los niños. Casi la comida a diario. Fíjese que pues ella lo lo vio así como bueno. Va a pasar, ¿no? A pesar de eso, pues ella ni entera estaba de lo que había sucedido, de lo que le había dicho este hombre, la calumnia que le habían levantado. Y pues esta señora va con un caldo de pollo caliente para los niños. Y pues al entrar la vecina junto con la mamá de esta de esta muchacha. La suegra del joven. La recibieron, pues no, no agradecida, no con gratitud, créame. No con gratitud, sino con una violencia salvaje. Sí, enojadas, super enojadas, las dos. Le tiraron el caldo encima y empezaron a golpear. Pero esta señora en su juventud sabía defenderse. Sabía defenderse. Y pues sí les puso una buena moquetiza la señora a las dos. Oye, son cosas que yo creo que nunca se olvida, ¿no? Y les puso una moquetiza tanto a la hija como a la madre. Pero la mamá de esta muchacha. Le lanzó una sentencia. Ya sacaste boleto para el otro mundo. Fue lo que le dijo. Esa noche. El marido de esta muchacha, pues terminó. Por su coraje y le fue y le quebró todos los vidrios. Le rompió todos los vidrios a la casa de la señora, la fachada de la señora. O sea, ya más que nada demandó y pues pintó su raya, dijo no, pues ya. Yo los yo los estaba ayudando de buena fe, pues ellos ni modo. Ella pensando que la justicia legal bastaría, no una orden de restricción y todo este tipo de cosas. Una semana después. En la tienda de la esquina, la señora que atendía la tienda. Le advirtió, dijo. No sabe con quién se metió, señora. Dijo, porque ya ya todo mundo sabía que las señales se había puesto una moquetiza a las 12 y pues ya el chisme ya se sabía. Dice, no sabe con quién se metió. La madre de esta muchacha es una bruja, es de verdad, es de las de verdad. De tenga cuidado. Esta señora, pues como incrédula, siempre. Pues se salió riendo de la tienda. Ella pensó, dijo, estas son historias de gente ignorante. Yo no creo en eso. Pero dice que un mes después. El ESI, el ESI. Dice que un mes después. El escepticismo se convirtió en agonía. Empezó a sentirse mal. Todo lo que comía lo lo devolvía. Una diarrea constante. Pero lo más aterrador ocurría en la cocina. Imagínese, o sea, cómo actúa la verdadera brujería. Y esto es verdad. Cada vez que preparaba comida. Ella veía. Cómo salían los gusanos, cientos de gusanos de la nada. Mire, yo le digo que esto es verdad, porque he tenido muchos testimonios de personas que les digo antes. La buena vecindad era en Semana Santa que hacen las siete cazuelas. Llévale a la vecina, ya vas. Hay uno de niño. A poco no se acuerdan. Iban con un plato grande, así como que el más el de más caché, ¿no? Y con varias tortitas de camarón, que un filete empanizado, sopita de arroz y con una servilleta. Vas como niño con cuando eras niño, ¿no? Y vas con la vecina este doña Anita. Aquí le manda mi mamá. Muchas gracias. Y lo ya doña Anita regresaba el plato con otra cosa, ¿verdad? Pero había esa buena vecindad que te comía las cosas pues sin mal, o sea, no, no pensando en la maldad, porque decías pues que mi vecina es mi amiga, o sea, no pasa nada. Pero si yo he sabido de casos que personas llegan a la casa de una mujer y le piden a la mujer que le deje la comida, de repente llega alguien que jamás te ha regalado algo jamás y menos comida. Y en vez de comérsela inmediatamente, la dejan en el refrigerador y al tiempo de ir a sacarla está llena de gusanos. Así actúa la maldad. Fíjense que esta mujer empezó a adelgazar demasiado. Se estaba, digamos, marchitando. Le habla su esposo, regresa a Estados Unidos, alarmado, pues como la vio, imagínese. Pues la llevó con especialistas en San Luis Potosí, Ciudad de México, Monterrey. Los médicos no le encontraban absolutamente nada. Físicamente estaba sana, pero su vida se estaba escapando. Llegó al punto de decirle a su esposo que llamara a sus hijos ya como para despedirse de ellos. Ella sabía en su interior que iba a morir. Fíjense que como que el único que entendía Ese horror por el que estaba pasando era su gato, su mascota. Porque su mascota se paraba en la puerta del patio. Con el pelo erizado, gruñendo a la nada, negándose a salir al patio. Una conocida de ella la vio. Quedó horrorizada al verla. Y le dice, a ti te están haciendo un trabajo. Y le dio la dirección de una curandera muy buena, una anciana curandera, pero muy buena. Fíjese que lo que sucede en muchas ocasiones, el miedo, la debilidad, no te dejan llegar a esa cita, no te dejan ir a ese lugar. Créame que a veces cuesta mucho trabajo el levantarte, simplemente levantarte tu cama. Cuesta muchísimo trabajo. Entonces, pues no, no le dejaban llegar. Este la amiga va a visitarle nuevo a ver si ha habido con la señora y lleva su nieta de cuatro años. La señora, su amiga y pues la inocencia de la niña. La nieta le dice a la abuelita abuelita. Ahí está una mujer y alta en el patio. Pues ella no veía nada, pero el gato estaba allá afuera, o sea, estaba ahí en el marco de la puerta, mirando fijamente hacia ese punto. Bueno, total, esta vecina logra ir con la anciana curandera. Créame que ella comenta que esta señora no la dejó ni hablar. No la dejó ni hablar. Se le atravesó en el camino y le dijo mija, no te dejan llegar, pero ya estás aquí. Al entrar a la habitación donde ella curaba, la sentencia fue clara. Te queda poco tiempo. Aquí solo hay de dos o te vas tú o se va la persona que te hizo esto. El trabajo está enterrado en un pandio. La curandera al día siguiente fue a la casa de la señora. Lo primero que hizo la señora fue tomar el gato y acariciarlo. Dice este animal es muy valiente. Ya ha estado protegiendo, como siempre hemos hablado de los gatos. Pero él ya no puede más. Se fue directo al patio. Rompió una maceta. Que la niña de cuatro años ya había señalado. Y ahí estaba un frasco con fotos de esta señora. Al día siguiente fueron al panteón. Tras una búsqueda intensa. Creemos que es muy difícil también encontrarlos. La anciana encontró otro frasco enterrado con una tumba contenía fotos de ella. Pues mezcladas con huesos, con sustancias viscosas y un olor a putrefacción. Que se revolvería el alma, créame. Pues ya la señora le mandó a hacer baños de hierbas, tomas amargas. Se dice que esa noche la señora al fin pudo dormir bien. En meses, tuvo una buena noche. Las pesadillas donde ella miraba calaveras. En el techo de su habitación, créame que cesaron. A los veinte días ya recuperada. Salió al patio a atender una ropa. Ya se sentía con fuerza la señora. Las bardas de esas casas son realmente bajas, no son muy altas. De pronto escuchó un grito desgarrador que venía de la casa de al lado. La madre de la vecina. Sí, la mujer que la había amenazado. Acababa de caer muerta. Ella inmediatamente fue con la anciana curandera. Para contarle. Lo que había pasado. Esta curandera con con mucha calma. Una calma que realmente daba miedo, daba escalofríos. Le respondió. Te quedaba 25 días de vida. Pero el trabajo se regresó. Ella se fue en tu lugar. La señora ya creyendo que pues ya. Convencida de que el mal existe. Decidió vender la casa, habló con su esposo, con sus hijos que estaban en Estados Unidos. Dijo, yo voy a vender la casa y me voy con ustedes. Porque créame que no nomás en Matehuala. En cualquier rincón oscuro, hay gente que por envidia o rencor, es capaz de pactar con la muerte. Por eso le digo que Dios nos guarde y nos proteja. Mi nombre es Santiago Segovia, investigador paranormal. Los espero en el siguiente capítulo de relatos.